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Introducción
Las personas tienen
necesidades sociales y objetivos que necesitan de la concurrencia de otras
personas para ser satisfechos y/o logrados. Esta es la razón de ser de los
grupos humanos.

Esto mismo ocurre en las organizaciones, que están formadas por personas
con sus necesidades sociales y sus metas. Por ello, en las organizaciones
también existen grupos, bien sean formales (aquellos cuya estructura está
determinada por la dirección de la empresa y que agrupan a personas en
función de su posición en la estructura jerárquica), o grupos informales,
basados en la atracción entre las personas que los forman,
independientemente de la posición que ocupan en el organigrama de la
empresa. Ambos tipos de grupos son necesarios para que tanto las
organizaciones, como las personas que las integran, puedan lograr sus metas
y objetivos.
Los cambios sociales, económicos y tecnológicos de los últimos años han
generado una nueva situación en la que las empresas tienen necesidad de
hacer más con menos, con plantillas menos dimensionadas, formadas por menos
empleados sustancialmente más cualificados y con mayores niveles de
responsabilidad. Poder contar con los mejores efectivos humanos y saberlos
orientar hacia la consecución de los objetivos globales son retos
fundamentales que determinan el éxito de una organización.

En este marco, el trabajo en equipo es una de las respuestas al reto de
la productividad. La cohesión de los equipos de trabajo, el fomento del
espíritu cooperativo, la identificación de las personas con los objetivos de
la empresa y la comunión de intereses y esfuerzos hacia el fin común son
aspectos fundamentales sobre los que trabajar para cimentar el éxito o el
fracaso.
Pero el trabajo en equipo va más allá. Es una técnica de organización y
una filosofía de funcionamiento que genera buenos resultados en todos los
sectores productivos y en empresas de todos los tamaños. El trabajo en
equipo es, en suma, una nueva forma de entender la empresa.

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