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Toma de contacto y ruptura del
hielo
Como recordamos, la toma de contacto es un momento crucial en cualquier
relación comercial. Los primeros 20 minutos son decisivos, y en ellos va a
tener una gran importancia el lenguaje no verbal. ¿Por qué? Porque en ellos
nuestro cliente estará muy interesado en conocer nuestra personalidad,
incluso más que el producto o servicio que le ofertaremos, para intuir cómo
negociar mejor las condiciones de éste.
Además, el lenguaje del cuerpo (gestos, ademanes, posturas), no sólo va a
aportar más información al respecto que el lenguaje verbal (más social y
estereotipados, con saludos-tipo), sino que, además, los mensajes que
transmiten son más inconscientes, menos elaborados, y, por consiguiente, más
reveladores del carácter y estado de ánimo de los dos interlocutores. De
ahí, una vez más, resaltar la importancia de la comunicación no verbal, para
saber interpretarla en nuestros clientes, y para dominarla para
relacionarnos mejor.
Veamos cómo.
1. La expresión facial en la toma de contacto
El curso pasado, al iniciar la relación comercial, destacábamos la
importancia del saludo. El correlato facial del saludo es la sonrisa. ¿Cómo
debe ser?
Deberemos transmitir la sensación de que somos sinceros, y de que, además
de una relación comercial, deseamos establecer una relación personal. Que
deseamos que se confíe en nosotros porque no vamos a defraudar, y, al mismo
tiempo, estamos abiertos a cualquier tipo de observación, objeción o crítica
dirigida a nosotros o a la Empresa que representamos. No deberá ser:
- Fingida, no sincera.
- Impersonal, mueca.
Nunca hay que dar a entender que se trata del inicio de una relación
comercial carente de otro interés que el mercantil, ni dará a entender con
ella que somos unos "mandados", ajenos al espíritu de calidad total que
nuestra Empresa persigue, o que deseamos reducir al mínimos los contactos
personales iniciales para entrar directamente en el objeto de la relación
comercial.
Resumiendo, la expresión facial, la sonrisa, un correlato de un estado de
ánimo y de una actitud ante la Empresa y ante la relación comercial, que
vamos a transmitir a nuestro interlocutor.
Más adelante, al hablar de la siguiente fase de la relación comercial,
veremos más datos sobre las expresiones faciales, con el objeto de conocer
un poco más esta rica fuente de comunicación no verbal.
2. Estrechar la mano en la toma de contacto
El saludo más convencional en nuestra sociedad es el estrechar la mano.
¿Se ha parado a reflexionar cuántas veces al día, a la semana, al mes y al
año ha estrechado la mano con terceros? ¿Tantas? ¿No cree que ya es hora de
conocer un poco la técnica de este saludo ya mecanizado? Ese será el
objetivo de estas líneas. No sólo por la cantidad de ocasiones en las que
realizamos este gesto al día, sino también por las repercusiones que pueda
tener en la relación comercial recién iniciada.
¿Cuándo? ¿Quien saca primero?
Cuando recibimos la visita de nuestros clientes en la Empresa, seremos
siempre nosotros quienes ofrezcamos la mano. Estaremos diciéndole
"Bienvenido. Me alegro de verle. Siéntase como si estuviese en su casa",
inspirándole tranquilidad y confianza. Si, por el contrario, somos nosotros
quienes visitamos a nuestro Cliente, daremos la mano también si la cita
estaba fijada con anterioridad.
Si se trata de una visita comercial no planificada, es conveniente
esperar a recibir la invitación a estrechar la mano. De no producirse, es
recomendable presentarse verbalmente y con un gesto con la cabeza, con el
objeto de no intimidar a una persona que a priori no esperaba atendemos.
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SITUACIÓN |
¿QUIEN INICIA EL SALUDO? |
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NOSOTROS |
CLIENTE |
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Visita del Cliente a la Oficina |
X |
X |
|
Cita prefijada con cliente en su
empresa o negocio |
X |
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Visitas no prefijadas a clientes |
|
X |
Mediante un mero apretón de mano, podemos saber con qué tipo de persona
nos estamos relacionando: dominante, sumiso, igual. Es un conocimiento
inconsciente que, tras varios estudios, se ha descubierto tienen una base
lógica. Tras su exposición, no sólo sabremos cómo queremos presentarnos ya
en el saludo inicial, sino incluso también cómo evitar situaciones no
deseadas en estos primeros momentos de relación con recién conocidos. Así,
tenemos:
-
apretón dominante: cuando al entregar la mano no enseñamos la palma, o,
lo que es lo mismo, ésta resulte estar hacia abajo en relación con la de la
otra persona, estamos entablando una relación en la que, de antemano,
deseamos llevar la iniciativa.
-
apretón sumiso: el inverso, obviamente.
- apretón de iguales: ambas manos trazan una perpendicular con respecto
al suelo, transmitiéndose mutuamente respeto.

¿Cómo evitar una actitud dominante de nuestro interlocutor, si deseamos
entablar con él una relación de iguales? Cuando nos ofrece la mano con la
palma hacia abajo resulta muy difícil y poco sociable subírsela para adquirí
r esa posición de dominancia. La solución, es dar un paso adelante con la
pierna derecha, entrar en su "zona personal" -ya hablaremos de ella más
adelante-, y, así, con una postura corporal ladeada, el apretón es
equilibrado. Esta simple pero efectiva táctica nos podrá ser muy útil en
negociaciones complejas -reuniones previas a negociaciones de importantes
operaciones de activo para la Empresa con clientes no habituales, por
ejemplo-, ya que, además de romper el hielo, nos permite enviarle un mensaje
de cordialidad.

Errores a evitar:
Mano sucia o sudada. Reiteramos la importancia de una buena higiene y
ausencia de sudor en las manos, en nuestro primer contacto físico con
clientes. Detenerse un minuto antes de entrar a visitar un cliente para
revisar nuestro aspecto personal y el estado de nuestras manos deberá
convertirse en una rutina, especialmente en aquellas personas con frecuentes
contactos comerciales.
- Apretón político, o de guante, consistente en estrechar nuestras dos
manos con nuestro interlocutor. Refuerza el sentimiento de interés hacia él,
pero solamente para personas muy conocidas. Para clientes con poco trato
puede resultar incómodo, por pretencioso, exceso de confianza o por
generador de recelos.
Similares efectos produce el apretón de manos con la otra mano
reforzando, en codo, muñeca o espalda, que también deberemos reservar a
personas o clientes muy conocidos.

- Brazo rígido: Mantenerse alejado en exceso de nuestro interlocutor y
mostrar un brazo tenso, rígido, manifiesta una personalidad agresiva, que no
desea ser invadida por otros. Evitaremos este error siempre, y, cuando lo
"suframos", actuaremos con psicología ante esta tipología de clientes. Una
manera de evitar esa "frialdad inicial" cuando recibamos el brazo rígido,
será estrechar la mano, acercando nuestro cuerpo casi al nivel de su mano,
pero sin invadir su espacio.

- Apretón solamente con los dedos. Consiste en no ofrecer la mano entera
para el saludo, sino solamente los dedos. Puede suponer recelo, pretenciosidad o falta de autoconfianza. Ante este tipo de apretoncillo,
siempre a evitar, solamente le tomaremos los dedos, nunca la palma, no
ofrecida, y estaremos especialmente cuidadosos con el trato con esta
persona.

- Apretón salvaje, o triturador de nudillos: i Conocido de sobra! No
obstante, en relaciones comerciales suele corresponder con personas rudas,
pero nobles, ante las que deberemos fingir que no nos duele, y tratar, si es
el caso, situamos a su nivel de conocimientos sobre los temas a tratar.

- Apretón con ausencia visual: Es la contradicción de dos elementos de la
comunicación no verbal. Por un lado, damos la mano, nos mostramos. Por el
otro, eludimos la mirada, mirando al suelo, nos ocultamos. Pocas sensaciones
son tan funestas. En una relación comercial, es lo que se llama "empezar con
mal pie".

3. Proxémica en la toma de contacto
El estudio de cómo el hombre utiliza el espacio se denomina proxémica.
Proxémica es el estudio de cómo el hombre utiliza el espacio
Tras muchos estudios, se han definido cuatro "zonas personales", o
distancias con respecto a la persona, y que son:
- zona íntima, de 15 a 45 cm., sólo reservada a la intimidad personal o a
aquellas personas con las que se da un contacto físico habitual.
- zona personal, de 46 cm. a 1,22 metros. Aproximadamente definida por la
longitud del brazo extendida, es la distancia para mantenemos en reuniones
sociales, en relaciones laborales, de trabajo en equipo, etc.
- zona social, de 1,23 a 3,6 metros. Destinada a personas a quien no
conocemos y/o con quien no queremos mantener relación, pero con las que
tenemos que mantener conversaciones formales.
- zona pública, a partir de 3,6 metros. Es la zona apropiada para
dirigimos a un grupo de personas.

Cuando alguien penetra nuestra zona íntima puede ser por dos razones: es
una persona cercana o es una persona hostil.
La cantidad de espacio personal que necesita un individuo depende de la
densidad de población del lugar en el que se crió. Así, las personas de
zonas rurales necesitan más espacio interpersonal que las personas urbanas.
Asimismo, lo que una persona posee o lo que usa con regularidad (su
sillón) constituye un territorio privado y luchará para protegerlo.
¿Para qué nos puede servir el conocimiento de estas "burbujas" del
territorio espacial humano? Posiblemente, con la lectura de las mismas y su
comparación con nuestro modus vivendi, familiar, profesional y social, ya
habremos extraído alguna conclusión. Veamos si coinciden:
- La tendencia en el diseño de Oficinas tiende a la supresión del
mostrador, alto y ancho, tan extendido actualmente, en favor de espacios más
abiertos, con menor separación física entre Clientes y comerciales. No es
mera estética o modismo. Se trata de "entrar" en el espacio personal del
cliente.
Una vez conseguido que el Cliente se acerque a nuestras oficinas, nuestra
obligación será lograr que salga contento, es decir, confiado y satisfecho.
Para ello, deberemos acercar al nuevo Cliente, cada ve más especializado y
formado, a la zona social (de 46 cm. a 1,23 metros, destinada a relaciones
de interés) sacándolo de la zona social en la que normalmente se encuentra
(1,23 metros a 3,6 metros), y que resulta más apropiada para relaciones
sociales, sin interés personal. ¿Recuerda Vd. aquellos enormemente anchos
escritorios de abogados, médicos y otros profesionales que parecía marcaban
su status en centímetros de mesa-barrera con sus clientes?.
-
Aun en las Oficinas con mesas pequeñas, para contacto más personalizado
con el Cliente, existen técnicas para aproximarse más a él. Si el Cliente ve
la mesa limpia, ordenada, se encontrará cómodo, tomará el espacio de la mesa
como espacio compartido, y prestará mayor atención a nuestras sugerencias.
Si, por el contrario, la percibe abarrotada de papeles y desordenada,
estaremos provocando un alejamiento físico y psíquico con el mismo.
- Pero la avaricia rompe el saco. O, lo que es lo mismo, no se debe
exagerar nuestro celo. Acercar al Cliente a la zona personal para discutir
sobre nuestros productos es muy positivo. Pero intentar atraerlo al área
íntima no sólo no supone ningún beneficio, sino que provocará irritación en
él. Sólo tienen acceso a nuestra "burbuja" íntima nuestras personas más
próximas, y nuestros enemigos. Por si acaso no habíamos reparado en ello...
Más adelante veremos cómo la proxémica nos puede ayudar a mejorar el
cierre de nuestras relaciones comerciales.
4. La mirada en la toma de contacto
En estos primeros momentos de toma de contacto y ruptura del hielo el
papel de la mirada tiene por objetivo no contradecir nuestra intención de
suscitar confianza en nuestro Cliente más que de servimos de apoyo o
comunicación no verbal propiamente dicha. Por tanto,
- mantendremos un contacto visual permanente, evitando rehuir la mirada
de nuestro Cliente, lo cual le provocaría sospecha. Rehuir la mirada sería
comunicarle, de modo no verbal, "te estoy diciendo que, a largo plazo, lo
mejor son…xxx, pero no estoy muy seguro".
- evitaremos el llamado "bloqueo visual", o, lo que es lo mismo, aquella
situación de conversación en la que uno de los dos interlocutores, bien
hablando, bien escuchando, cierra los párpados durante períodos de tiempo
excesivamente largo, provocando al otro irritación.
- nuestra mirada será franca, sincera, no fingida.
- evitaremos, en la medida de lo posible, llevar gafas con cristales
ahumados. ¿Por qué? Porque impiden comprobar a nuestro interlocutor la
dirección de nuestra mirada, y, más importante todavía, impiden que perciba
las distintas dilataciones de nuestras pupilas a lo largo de la entrevista
(por eso a los jugadores de poker se les prohíbe jugar con gafas oscuras).
En suma, producen en nuestro Cliente nerviosismo y recelos, muy peligrosos
en estas fases iniciales de la relación comercial.
5. Los gestos con las manos y la cara en la toma de contacto
Una sorpresa difícilmente esperada es vemos, a nosotros mismos, en una
grabación, en un vídeo doméstico. Al igual que no reconocemos nuestra voz
registrada en un cassete, nos resistimos a creer que aquel que tanto
gesticula y tanto se mueve es uno mismo. ¿Por qué? Porque son muchísimos los
gestos con manos y cara que realizamos, las más de las veces de modo
inconsciente, cuando hablamos con alguien. ¿Qué sentido tienen? Como siempre
que hablamos de comunicación no verbal, la interpretación es múltiple:
dependerá del momento, del interloculor y del mensaje. Pueden ser
simplemente vías para reducir nuestra tensión al hablar con un superior, o
reforzar nuestro mensaje verbal, .. o para intentar convencer a nuestro
interlocutor de algo. Seguidamente estudiaremos alguno de los que nos pueden
resultar útil conocer en estas fases de toma de contacto y ruptura del hielo
de la relación comercial, y posteriormente profundizaremos algo más en el
tema.
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